Degradación a su máxima expresión

EDITORIAL

Los altos niveles de corrupción e impunidad que invaden, ahogan y arropan  los distintos estamentos del quehacer nacional, a través de la depredación sin límites de los recursos y bienes del Estado, tiene su génesis en la arrabalización de la actividad  política y la anomia social a que la misma  ha sometido al país.

Esa degradación ética de la actividad política, profesional y empresarial  ha degenerado en   una verdadera inversión  de valores institucional y político en la República Dominicana.

El Estado dominicano y sus instituciones han sido secuestradas por elementos carentes de escrúpulos cuyo modus operandi es la mentira, la trampa, el soborno, chantaje, simulación, el truco, la cuña, la complicidad, el nepotismo, privilegio, corrupción e impunidad; todo ello sin el menor sonrojo o vergüenza, temor ni pudor.

Pero lo lamentable es que en vez de revertirse este fenómeno,  el mismo tiende a agravarse ya que los nuevos actores que se agregan bestiario político nacional están imbuidos por una carencia total de conocimiento sobre la función  del Estado, el servidor público y los valores ciudadanos.

Esto viene a colación con lo sucedido en los últimos días cuando el país vio desfilar por las distintas organizaciones políticas a elementos que sin ninguna condición para ejercer la función pública inscribieron sus candidaturas a distintos cargos electivos.

No sólo se inscribieron personas sin capacidad para ocupar las funciones a que aspiran, además de que no pueden exhibir una hoja de servicio a la sociedad, sino también elementos que en este momento tiene causas abiertas en la justicia.

El clientelismo, la arrabalización, el   transfuguismo, y la carnavalización del quehacer político se enseñoreo estos días con la inscripción de candidaturas a cargos electivos, que de estas personas ser electas  se sumaran al espectáculo denigrante lo que ya tenemos, que la verdad, cada día nos llena de vergüenza y que cada día hace que los ciudadanos crean menos en la actividad política y en quienes la ejercen.

¡Que Dios nos agarre confesados, si estos candidatos llegan a ser electos¡

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