Los grupos populares

EDITORIAL

Tenemos que hacer un alto en el camino y ver por  donde se ha ido la política pequeña. La fuerza que deviene de los clubes culturales y deportivos, de las juntas de vecinos, de los grupos populares se perdió.

La sociedad civil está diseñada para tratar los problemas que se discuten con saco y corbata, pero no a nivel del ventorrillo de la esquina.

Tienen que haber grupos sociales que proclamen las desigualdades, y sobre todo la política del detalle. En una ocasión, y puede ser así todavía,  el pan con salchichón hacía ganar o perder unas elecciones.

Los aumentos de precios de artículos de la canasta básica generaban protestas y pérdidas de voto en el pasado. Ahora los precios suben y nadie se da por enterado.

Los grupos populares y las juntas de vecinos han ido perdiendo su espacio en el panorama nacional.

La crisis social en la que se fundamentan las tareas de lucha de esos estamentos le ha ido pasando por arriba. Hay quienes dicen que con un sueldito, basta para que un presidente de junta de vecinos se haga el ciego.

La vieja mística  de los grupos populares se perdió con la desaparición de Joaquín Balaguer.

Mucho hicieron de Balaguer su enemigo preferido, y se descuidaron con guardar fuerzas para las próximas luchas.

Hoy hay serios problemas de marginalidad, de hambre, de miseria, pero nadie al parecer tiene fuerzas para llevar a cabo las pertinentes denuncias.

Las juntas de vecinos se deben reorganizar. Comenzar con pequeños ejercicios  de que se reparen las calles, mejoramiento del servicio de agua potable, asistencia para atender a envejecientes y cooperación con las autoridades para detener la delincuencia callejera. 

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