Consenso y transparencia

Editorial

Sin una auditoria forense el voto automatizado será una tea de la discordia.

Se aprobó utilizarlo en las próximas elecciones,  cuando todavía se cuestiona su utilización en las primarias.

Sin credibilidad, es un mecanismo que dará pie a constantes denuncias de irregularidades y fraudes.

Va el voto automatizado en diferentes localidades, con el conteo manual. Un híbrido producto de tratar de satisfacer  a todos los sectores, sin lograrlo.

En otras localidades de menor presión poblacional se votará con las papeletas tradicionales.

Para reforzar todo el proceso se van a colocar lectores electrónicos de huellas digitales, para comprobar que está en la mesa de votantes, el ciudadano que  en la fila.

Es un tropezón del presidente de la Junta Central Electoral que dijo que el voto automatizado solo se implementaría por un consenso general.

No lo hay, grupos de oposición se opusieron al mismo y reclamaron  la auditoria forense de las pasadas primarias.

El presidente de la JCE no respetó su palabra del consenso, pero fijar o rechazar el voto automatizado es de su incumbencia y del pleno del organismo.

Ahora solo queda blindar las medidas técnicas, legales y de supervisión en torno al instrumento para depositar el  voto.

Para nosotros, y lo hemos señalado, la legalidad del proceso no lo da el instrumento utilizado para depositar el voto.

Puede ser el sistema automatizado o las papeletas, si hay seriedad y verticalidad en la preparación de las elecciones, no hay nada que temer.

No son los aparatos o las papeletas las que hacen fraude, sino los hombres y mujeres que en posiciones de vigilancia no cumplen con su rol, y se doblan por dinero, por miedo o por pasión.

Más que el voto automatizado, a quien hay que vigilar es a los tramposos de los cuales hay en todos los partidos.

La soberana voluntad del pueblo esta sintetizada en las elecciones, sean municipales, congresuales o presidenciales.

La JCE  tiene que garantizar que no se burlará la decisión popular de escoger a sus próximos gobernantes. Es una obligación que se tiene que cumplir sin miramientos y sin dobleces.

El país lo reclama. Las elecciones tienen que ser transparentes, creíbles, con la oportunidad de que todo dominicano pueda libremente emitir su voto.  

Para garantizar esto hay un organismo rector que se tiene que blindar, y sus miembros dejar a un lado cualquier simpatía partidista.

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