
Por: José René (Tito Olivo)
El precio del oro ha alcanzado niveles históricos, superando US$ 5,150 por onza troy, un umbral que no se veía en décadas.
Este fenómeno no es una simple fluctuación financiera o especulativa: habla de una economía global en transformación, donde la demanda por activos reales y los fundamentos productivos están siendo revaluados con mayor rigor.
Más allá de la coyuntura del mercado, el alza actual del oro refleja algo más profundo y estructural:
👉 El valor es trabajo socialmente necesario potenciado por conocimiento aplicado.
Extraer una onza de oro en 2026 no es equivalente a extraerla en 1990.
Hoy requiere:
Exploración geológica avanzada (modelos predictivos).
Tecnologías de perforación y extracción altamente especializadas.
Gestión ambiental, energética y logística de alta precisión.
Integración de big data, automatización y análisis de riesgos.
Es decir, el valor situado en US$ 5,152 por onza no solo refleja escasez física—también incorpora el trabajo intensivo y el conocimiento acumulado que exige su producción:
➤ El oro es, simultáneamente:
✔ un activo real frente a activos fiduciarios sobrealimentados;
✔ una condensación de trabajo humano organizado;
✔ un producto de alta tecnología productiva.
En un mundo donde la deuda pública global sigue al alza y los activos financieros están cada vez más desalineados de la producción real, el oro se comporta como:
✔ activo de refugio,
✔ reserva de valor real,
✔ termómetro del valor trabajo-conocimiento.
Para países con producción aurífera, el desafío no es solo extraerlo, sino transformar esa riqueza mineral en conocimiento, capital tecnológico y soberanía económica.

