
POR JOHN LEICESTER
PARÍS (AP) — Desde el principio, China no fue incluida cuando las grandes potencias se reunieron en 1975 en un castillo a las afueras de París para enderezar la tambaleante economía mundial, la primera de lo que se ha convertido en cumbres anuales del club del G7 de naciones ricas para impulsar sus intereses.
No hubo sorpresa. Resultaba impensable imaginar al líder revolucionario chino Mao Zedong intercambiando ideas con el presidente de Estados Unidos Gerald Ford y otros dirigentes.
China estaba sumida en el caos, lejos del gigante económico en el que se ha convertido. Mao también había contribuido a derrotar a las fuerzas de Francia y de Estados Unidos en Vietnam, al apoyar militarmente a los comunistas de Ho Chi Minh que tomaron el poder.
Así que Mao habría sido el elemento discordante si hubiera estado en la cumbre inaugural de Rambouillet de seis naciones, que se convirtió en el G7 cuando Canadá se sumó al año siguiente.
Pero mientras el presidente de Estados Unidos Donald Trump y sus homólogos del G7 vuelven a reunirse en Francia de lunes a miércoles, la exclusión de China de las cumbres de este club informal también parece extraña, dado el enorme peso que tiene ahora sobre el bienestar económico y los asuntos del mundo.
Dicho de forma simple: ¿tiene sentido el G7 sin China?
A continuación, un análisis más de cerca:
Según las cifras, China entraría sin dificultad
Si se determinara únicamente por el éxito económico, China ya estaría en el club.
Su economía, engordada por décadas de crecimiento desde la muerte de Mao en 1976, ahora eclipsa a las de las naciones del G7 Alemania, Japón, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá, y solo le queda por alcanzar a Estados Unidos. Con este criterio, una cumbre del G7 sin China es, posiblemente, como un Mundial de fútbol sin Brasil, ganador en cinco ocasiones.
De ser “sólo un pequeño y benigno oso panda” en 1975, “China se ha convertido en un gran dragón global”, afirma John Kirton, especialista del G7 en la Universidad de Toronto.
“Por eso muchos preguntan, comprensiblemente: ¿estarían mejor el G7 y la comunidad global si China se convirtiera en miembro del club del G7? Una respuesta plausible es ‘sí’”, apuntó.
Pero es sólo para democracias
Hace un año, Trump reflexionó sobre la posibilidad de ampliar el club para incluir a China, al decir que “no es una mala idea” cuando un periodista se lo preguntó.
Pero una regla no escrita del G7 siempre ha sido que es sólo para democracias.
“Cada uno de nosotros es responsable del gobierno de una sociedad abierta y democrática, dedicada a la libertad individual y al progreso social”, declararon los líderes fundadores en Rambouillet en 1975.
China no habría superado ese listón entonces, durante el gobierno de Mao, que se cobró muchos millones de vidas por hambrunas y convulsiones revolucionarias.
Tampoco lo haría ahora, bajo el presidente Xi Jinping. Según múltiples mediciones —incluido el estudio anual Freedom in the World, el Índice Mundial de Libertad de Prensa o la clasificación de libertad económica del instituto canadiense Fraser— China queda muy por detrás de las naciones del G7 en libertades civiles.
China, un tema prioritario para el G7
La influencia de China afecta a todos los países del G7 de innumerables maneras. Vende muchas más mercancías de las que compra, y anunció un superávit comercial récord de casi 1,2 billones de dólares en 2025, lo que es una fuente de fricción con otras potencias industriales.
Controla suministros de minerales raros cruciales. Sus avances tecnológicos y su creciente fuerza militar provocan sudores fríos en sus rivales. Y es el mayor emisor mundial de contaminación que calienta el clima.
Todo esto significa que China será el elefante en la habitación en la cumbre de lunes a miércoles en la localidad termal alpina de Evian-les-Bains.
Como anfitrión, el presidente francés Emmanuel Macron ha reservado tiempo para que los líderes hablen sobre cómo reequilibrar el comercio con China, en medio de temores de que el aumento vertiginoso de las exportaciones chinas de automóviles y otros productos pueda arruinar industrias del G7.
La sintonía entre Trump y otros líderes del G7 ha sido mala últimamente —por la guerra con Irán y otros puntos de discordia—, pero China podría ser un asunto que los una, señaló Cédric Dupont, especialista en política internacional del Instituto de Posgrado de Ginebra.
“Coinciden en lo mismo, ¿sabe?: China es un problema”, manifestó.
Beijing observa con cautela
El gobierno chino, dirigido por el Partido Comunista, ha criticado en el pasado el carácter excluyente del G7 y lo ha presentado como una reliquia de la Guerra Fría, cuando el mundo estaba más dividido por líneas ideológicas.
Pero en una declaración a The Associated Press antes del encuentro en Evian, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino adoptó una postura más matizada y afirmó que “el G7 debería servir como catalizador de solidaridad y cooperación, en lugar de amplificador de división y confrontación”.
El analista radicado en Beijing Wang Zichen sostiene que “Beijing desconfía del G7 porque ve al grupo como estructuralmente alineado con el poder occidental liderado por Estados Unidos, y cada vez más como un espacio donde se habla de China como un desafío o una amenaza”.
Pero los líderes chinos no pueden ignorarlo.
“China reconoce que el G7 sigue representando una concentración muy significativa de poder económico, tecnológico, militar y financiero”, indicó Wang.
China es vista como una amenaza para la cohesión del G7
Analistas señalan que admitir a China en el club podría destruir su cohesión, no sólo porque el sistema de gobierno autoritario de Beijing, sus intereses y sus posturas sobre Rusia, Irán y otros grandes asuntos no se alinean con las de las democracias del G7, sino también porque su presencia podría poner a prueba alianzas de larga data.
“China dentro sería, en efecto, un caballo de Troya”, afirmó Kirton. Con un líder chino en la mesa, “los miembros individuales podrían verse tentados a romper filas en el G7 para asegurarse favores especiales de él en temas económicos, minerales críticos, tecnología digital y otros asuntos que abordan”.
Chris Alden, experto en relaciones internacionales de la London School of Economics and Political Science, dijo que sumar a China “haría muy difícil que el grupo funcionara”.
El ejemplo de Rusia también es un obstáculo para China
La última ampliación del G7 —aceptar a Rusia como miembro en 1998— no terminó bien.
El club dejó fuera al presidente ruso, Vladímir Putin, cuando arrebató Crimea a Ucrania en 2014, lo que anticipó la guerra a gran escala se libra ahora desde 2022.
Trump dijo el año pasado que excluir a Rusia “fue un error muy grande”.
Pero Kirton señaló que la experiencia convenció a otros líderes “de que nunca deberían volver a arriesgarse a que una potencia que no sea plenamente democrática se convierta otra vez en miembro pleno de su club plenamente democrático”.
Los periodistas de The Associated Press Ken Moritsugu y E. Eduardo Castillo en Beijing, y Jamey Keaten en Ginebra, contribuyeron.

