
El geólogo Andrés Folguera explicó por qué dos sismos casi consecutivos agravaron la destrucción en Venezuela. La falla de Oca, la poca profundidad y la vulnerabilidad de las construcciones fueron determinantes.
“Un grado más representa una 33 veces más energía”, recordó el geólogo Andrés Folguera para resumir la magnitud del impacto: en Venezuela, dos terremotos casi consecutivos transformaron un evento sísmico severo en una catástrofe mayor. El primero, de 7,2, ya había comprometido estructuras; el segundo, de 7,5, terminó de derribarlas. Ese tipo de secuencias, aunque conocidas por la ciencia, suelen ser de las más destructivas.
En una entrevista con LN+, el profesor de la Universidad de Buenos Aires explicó que ambos movimientos se originaron sobre la falla de Oca, en el norte venezolano, y sostuvo que el segundo sismo terminó de destruir las construcciones dañadas por el primero. También advirtió que la zona seguirá registrando réplicas y que fenómenos de este tipo volverán a repetirse en el futuro.
Por qué hubo dos terremotos en pocos segundos
Folguera remarcó que los dobles terremotos existen, están documentados y representan uno de los escenarios más dañinos posibles. La combinación de dos eventos grandes, separados por apenas un minuto, multiplica el nivel de destrucción y complica cualquier intento de respuesta inmediata.
“Entre un sismo de 7,2 y uno de 7,5 hay aproximadamente diez veces de diferencia energética. El de 7,2 dañó la infraestructura y el de 7,5 terminó por tirarla abajo. Es una pésima casualidad académica y científica”, afirmó.
El geólogo recordó además que la escala de magnitud es exponencial y no lineal. “Un grado más representa 33 veces más energía”, precisó, para explicar por qué diferencias aparentemente pequeñas en la magnitud pueden traducirse en efectos devastadores sobre ciudades, puentes, rutas y redes de servicios.
La falla que se destraba aproximadamente cada 100 años
Según Folguera, ambos terremotos tuvieron su origen en la falla de Oca, una estructura geológica activa que atraviesa el norte de Venezuela en forma paralela al mar Caribe. En la región caribeña, las fallas de deslizamiento lateral han sido históricamente responsables de sismos severos y, en muchos casos, poco profundos.
“Cada cien años produce un terremoto de esta magnitud. Ocurrió en 1812, volvió a ocurrir en 1900 y ahora sucedió nuevamente en 2026”, explicó.
El especialista detalló que durante décadas las placas tectónicas permanecen bloqueadas mientras acumulan tensión. “Durante cien años están trabadas y un día esa deformación se libera repentinamente. Eso es lo que sucedió. Anoche se destrabó”, resumió.
Cómo fue el movimiento de las placas
A diferencia de lo que sucede en Chile, donde una placa tectónica se hunde debajo de otra, en Venezuela el mecanismo es distinto. Allí predominan los desplazamientos laterales, con placas que se rozan entre sí hasta que la energía acumulada supera la resistencia de la roca y se libera de manera abrupta.
Folguera explicó que en esta región las placas se desplazan lateralmente, rozándose entre sí hasta que la energía acumulada supera la resistencia de la roca y se libera de manera abrupta, provocando el terremoto. Ese comportamiento ayuda a entender por qué algunas fallas pueden permanecer largo tiempo “silenciosas” y luego activar episodios de gran violencia sísmica.
Ese comportamiento convierte a la falla en una de las mejor estudiadas de la región y permite conocer con bastante precisión cuáles son los sectores donde, tarde o temprano, volverán a producirse grandes sismos.
¿Era posible anticipar el terremoto?
El profesor de la UBA aclaró que, si bien existen investigaciones para intentar predecir terremotos, la ciencia todavía no cuenta con un método confiable para anticipar exactamente cuándo ocurrirá uno. Esa sigue siendo una de las grandes fronteras de la sismología moderna, pese al avance de los sensores y los modelos de riesgo.
“Se sabe con mucha exactitud el lugar donde puede ocurrir porque son segmentos de fallas muy conocidos y estudiados, pero todavía no se puede predecir el momento exacto”, señaló.
No obstante, sostuvo que el antecedente histórico de la falla permitía saber que Venezuela ya se encontraba dentro de una ventana de alta probabilidad para registrar otro terremoto de gran magnitud.
Por qué fue tan destructivo
Otro de los factores que agravó la tragedia fue la escasa profundidad del movimiento sísmico. Cuanto más superficial es un terremoto, mayor suele ser la energía que llega a la superficie y más severos pueden ser los daños sobre viviendas e infraestructura crítica.
Folguera explicó que el terremoto ocurrió a apenas 10 kilómetros de profundidad, una característica que incrementa notablemente los daños en superficie. “Esta falla produce terremotos muy superficiales. Eso los hace particularmente destructivos”, indicó.
Además, señaló que las ciudades construidas sobre terrenos blandos o sedimentarios sufren vibraciones mucho más intensas que aquellas asentadas sobre roca firme. “Las poblaciones que están sobre terrenos blandos son las más afectadas porque las ondas sísmicas amplifican el daño”, detalló.
¿Puede volver a ocurrir y habrá más réplicas?
Para el especialista, la emergencia está lejos de terminar. Explicó que todo terremoto de gran magnitud genera una secuencia de réplicas que pueden extenderse durante horas o incluso varios días. En algunos casos, esas réplicas son suficientes para causar nuevos derrumbes en edificios ya debilitados por el sacudón inicial.
“Va a haber sismos de magnitud 6, 5 o 4. Aunque sean menores, afectan una infraestructura que ya está dañada y pueden provocar nuevos colapsos de edificios”, advirtió.
También alertó que el mayor riesgo inmediato ya no depende solamente del terremoto, sino de la situación humanitaria posterior. En ese sentido, el desafío suele pasar rápidamente de la emergencia geológica a la asistencia, la búsqueda de sobrevivientes, la provisión de agua, energía y refugio, y la evaluación de daños en hospitales y vías de acceso.
Comparó el escenario venezolano con tragedias recientes como las ocurridas en Haití y Turquía, donde la precariedad de la infraestructura y las dificultades para responder a la emergencia multiplicaron el número de víctimas fatales. “La gran crisis humanitaria está ocurriendo ahora”, concluyó el geólogo.
Análisis y proyecciones
La secuencia descrita por Folguera encaja con un patrón conocido en la sismología: cuando un terremoto principal no libera toda la energía acumulada en una falla, puede dejar a la región expuesta a una segunda ruptura cercana en el tiempo.
En escenarios urbanos, ese “segundo golpe” suele ser el más letal porque encuentra a las construcciones ya resquebrajadas, a los servicios interrumpidos y a la población en plena evacuación. Por eso, los expertos suelen insistir en que la preparación sísmica no termina cuando pasa el temblor principal.
En el plano de mediano plazo, la evolución del riesgo en Venezuela dependerá de dos variables clave: la persistencia de réplicas y la capacidad de reconstrucción con normas sismorresistentes.
La experiencia internacional muestra que, tras un evento de gran magnitud, los países que fortalecen códigos de edificación controlan mejor el uso del suelo y entrenan a la población reducen de forma significativa la vulnerabilidad en futuros sismos. En cambio, donde predominan estructuras precarias y respuesta estatal limitada, cada nueva réplica puede convertirse en un nuevo desastre.
Cómo cambió la mirada sobre estos fenómenos
Con el paso de los años, la sismología pasó de describir los terremotos como hechos casi imprevisibles a estudiar con mayor precisión sus zonas de origen, sus velocidades de ruptura y sus efectos sobre distintos tipos de suelo.
Sin embargo, la posibilidad de anticipar la fecha exacta sigue fuera del alcance de la ciencia. En ese contexto, la postura de los especialistas se ha vuelto más pragmática: hoy el foco está en reducir el riesgo, mapear fallas activas, reforzar infraestructuras y preparar a la población para responder mejor.
En regiones como el Caribe y la costa pacífica sudamericana, esa evolución también dejó una enseñanza central: conocer dónde puede romperse la Tierra permite salvar vidas, aunque no siempre permita saber cuándo. Venezuela, con su historia sísmica y la recurrencia de la falla de Oca, se mantiene como un ejemplo de esa tensión entre la incertidumbre del instante y la certeza del riesgo geológico.
Fuente: https://www.identidadcorrentina.com.ar/noticia/33401_dos-terremotos-en-segundos-en-venezuela-por-qu-ocurri-el-fenmeno-y-qu-advierten-los-gelogos.htm

