Por Dayvi López Vargas

El hombre más temido de la historia dominicana fue, sin duda, Rafael Leónidas Trujillo Molina. Durante más de tres décadas gobernó con mano de hierro, sembrando el miedo entre opositores, militares y ciudadanos.

Sin embargo, existe un episodio poco conocido que muestra que incluso el dictador tuvo a alguien a quien temer: su propio hermano, el general Aníbal Julio Trujillo Molina, conocido como «Bonsito».

Según relata Aída Trujillo en su obra “El otro Ramfis Trujillo”, Aníbal llegó en una ocasión al Palacio Nacional sin previo aviso y en actitud amenazante. La situación fue tan tensa que Trujillo optó por esconderse en su despacho para evitar un enfrentamiento directo.

La autora señala que aquella pudo haber sido una de las pocas ocasiones en que el dictador evitó encarar personalmente una situación de riesgo. Aníbal Julio padecía graves trastornos mentales, descritos por diversos testimonios como episodios de esquizofrenia y delirios de grandeza.

A pesar de ello, alcanzó posiciones de importancia dentro del Ejército. Entre sus excentricidades se cuenta que hacía formar tropas para que lo proclamaran como la reencarnación de Julio César y se presentaba públicamente como un futuro emperador.

Para Trujillo, cuya autoridad absoluta era el pilar de su régimen, aquellas conductas representaban una amenaza impredecible. El dictador sabía que alguien ajeno a la lógica del miedo que dominaba al país podía convertirse en un problema difícil de controlar.

La crisis llegó a su punto culminante en la finca Mango Fresco. Allí, Aníbal Julio protagonizó un episodio violento que terminó con la muerte de varios campesinos y posteriormente se atrincheró junto a hombres armados bajo su mando.

Trujillo interpretó la situación como un acto de abierta insubordinación y ordenó al general Fausto Caamaño (padre del líder de 1965) sofocar la rebelión y ejecutar a los implicados.

Diversos relatos sostienen que la intervención de doña Julia Molina, madre de ambos, fue decisiva para evitar que Aníbal fuera fusilado. No obstante, los hombres que le acompañaban corrieron una suerte distinta y fueron ejecutados durante la operación.

Finalmente, Aníbal Julio fue declarado legalmente incapaz. Aislado y marcado por sus problemas mentales, se suicidó el 2 de diciembre de 1948 de un disparo en la cabeza en su residencia de la Zona Colonial. Un detalle a destacar es que Rafael Trujillo no asistió a sus honras fúnebres.

La historia de Aníbal Julio Trujillo constituye uno de los episodios más singulares del trujillismo: el relato de un hombre que, por sus propios demonios, terminó convirtiéndose en la única persona capaz de despertar temor en quien había impuesto el miedo a toda una nación.

Dayvi López Vargas

Historiador, docente universitario, influencer de la página Zona Militar, escritor, politólogo y sobre todo un Patriota.