POR MARKO ÁLVAREZ, ASTRID SUÁREZ and NAYARA BATSCHKE

CALI, Colombia (AP) — Sin ser socorrista, Daiana Rojas se convirtió en una de cientos de voluntarios que ayudaban el jueves en las labores de búsqueda y rescate tras el devastador terremoto en Colombia que cobró la vida de al menos 273 personas, mientras cientos continúan desaparecidas.

Su vida cotidiana como entrenadora dio un vuelco la noche del lunes cuando un sismo de magnitud 7,4 — el de mayor intensidad registrado en este siglo — sacudió gran parte del país, incluyendo su natal Cali, una de las ciudades con más muertos y personas atrapadas bajo los escombros.

“Es inevitable no ser voluntario en una catástrofe de tu propia ciudad”, relató a The Associated Press Rojas, de 25 años, en medio de los restos de un edicidio que colapsó. “Me encargo de organizar todos los insumos: guantes, cascos, gafas, agua. Y de patinar, que es ir donde están los que levantan los escombros para facilitar su hidratación”, explicó.

Aún tiene esperanza pese a que se acorta la ventana de las primeras 48 a 72 horas cruciales para hallar sobrevivientes, un plazo que puede extenderse si tienen acceso a comida y agua.

“Acá puede haber dos personas más con vida… desde las 2.30 (de la madrugada) hemos estado escuchando sonidos, entonces tenemos la esperanza intacta”, dijo animada Rojas.

Cuando los rescatistas oyen un sonido entre los escombros levantan los puños cerrados. Es la señal para que todos callen.

“Cuando dicen ‘silencio’ todos tratamos de no movernos, no hablar, ni susurrar; pero cuando la persona da una señal de vida todos empezamos a aplaudir”, relató Rojas, quien presenció el rescate de dos sobrevivientes. “Fue una felicidad increíble, no es un familiar mío ni amigo, pero es como si lo fuera”.

Sin embargo, Milton Castrillón, miembro de la alcaldía de Cali, dijo a AP que el jueves inicia una fase difícil “porque empieza la remoción de escombros” y como ya han pasado más de 72 horas enfocarán el esfuerzo en recuperar cuerpos, atender a los familiares y esperar que “existan milagros de Dios para encontrar vida”.

La cifra de fallecidos se elevó el jueves a 273, informó a la prensa David Santiago Tamayo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.

Además reportó 3.834 heridos y 377 desaparecidos; mientras que más de 12.584 viviendas quedaron destruidas y más de 74.800 dañadas.

Cali ha sido una de las ciudades más afectadas por el sismo, pero también de las más atendidas en la emergencia debido a su fácil acceso terrestre y aéreo.

La ayuda ha tardado más en llegar a otros lugares como Chocó, el epicentro del terremoto y una de las zonas más pobres del país, a menudo asediada por grupos armados enfrentados. A gran parte sólo se llega en barco, a través de la selva o en avión.

El presidente Abelardo de la Espriella, recién posesionado en el cargo, declaró el desastre nacional y la emergencia económica para poder establecer impuestos temporales sin el aval del Congreso y prometió destinar ese dinero a la construcción de hospitales, centros educativos, inmuebles, vías y aeropuertos.

Colombia ha recibido ofrecimientos de ayuda de muchos países y organizaciones. De la Espriella informó el jueves que Emiratos Árabes Unidos donará 10 millones de dólares y la Confederación Sudamericana de Fútbol y la Federación Colombiana de Fútbol anunciaron una donación conjunta de un millón de dólares.

Otros países han enviado ayuda humanitaria como El Salvador y ofrecido rescatistas como México.

Sin embargo, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum afirmó el jueves que el grupo de 255 militares especialistas en operaciones de rescate no viajó la víspera porque las autoridades colombianas no lo aprobaron y solicitaron sus certificaciones, mientras pidieron apoyo en alimentos, agua y medicamentos.

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Suárez reportó desde Bogotá y Batschke desde Santiago.