
Santo Domingo. – El presidente de la República Dominicana, Luis Abinader inicia el tramo más complejo de su administración al cumplir seis años en el Poder Ejecutivo.
El mandatario asume formalmente la presidencia del Partido Revolucionario Moderno (PRM) con la doble misión de blindar la gobernabilidad, consolidar sus reformas institucionales e impedir que la prematura carrera por la sucesión presidencial de 2028 fracture la unidad del oficialismo.
El viraje estratégico: De la crisis al legado
Tras superar la parálisis de la pandemia y consolidar su liderazgo con la reelección de 2024, las prioridades del Palacio Nacional cambian radicalmente.
Abinader ya no gobierna bajo la urgencia de la contingencia sanitaria, sino bajo la presión del tiempo histórico para definir su legado. Los analistas coinciden en que este ciclo final estará concentrado en la entrega de megaproyectos y en sostener la estabilidad económica.
Balance de ejecutorias (2020-2026)
Durante este septenio informal de gestión, el modelo económico y político del mandatario ha exhibido avances en renglones clave:
Dinámica económica: Captación histórica de Inversión Extranjera Directa (IED), récords consecutivos en la llegada de turistas y el posicionamiento del país como polo logístico regional mediante el nearshoring.
Infraestructura masiva: Desarrollo de sistemas de transporte urbano, expansión vial, construcción de hospitales, acueductos y modernización portuaria.
Hito institucional: El distanciamiento del Ejecutivo del Ministerio Público, otorgando autonomía formal a la persecución de la corrupción administrativa.
Política exterior y frontera: Edificación de la verja perimetral inteligente, endurecimiento de las repatriaciones y una retórica firme ante la crisis multidimensional de Haití.
Asignaturas pendientes y desafíos estructurales
A pesar de los indicadores macroeconómicos favorables, la administración arrastra rezagos que condicionarán el juicio final de la ciudadanía:
Crisis eléctrica: Reducción del déficit de las distribuidoras y el desmantelamiento de subsidios insostenibles.
Seguridad ciudadana: Aceleración de la reforma policial ante la persistente percepción de criminalidad.
Servicios básicos: Demandas históricas insatisfechas en educación pública, cobertura de salud y acceso a agua potable.
El rompecabezas interno del PRM y la sucesión de 2028
La prohibición constitucional para que Abinader opte por un tercer mandato desató de forma anticipada las aspiraciones internas.
La gobernabilidad del país dependerá de la capacidad del presidente para arbitrar las tensiones entre las distintas corrientes oficialistas sin que el aparato estatal se convierta en un campo de batalla electoral.
La reciente renovación de la directiva del PRM sirvió como el primer ensayo general de esta tregua interna.
Las facciones lideradas por los dos principales aspirantes a la nominación presidencial, David Collado y Carolina Mejía, pactaron una distribución milimétrica del poder partidario:
Luis Abinader: Asume la Presidencia del PRM para garantizar la disciplina institucional.
Deligne Ascención: Se mantiene como Vicepresidente Ejecutivo del partido.
Juan Garrigó Mejía: Ocupa la Secretaría General (cuota vinculada a la alcaldesa Carolina Mejía).
Gloria Reyes: Designada en la Secretaría de Organización (respaldada por David Collado y Eduardo Sanz Lovatón).
Ajustes inminentes en el tren gubernamental
El arribo a la mitad de su segundo mandato presidencial coincide con una inminente remodelación del gabinete de ministros. Desde el Palacio Nacional se evalúan sustituciones estratégicas orientadas a apartar a funcionarios desgastados por cuestionamientos públicos o que muestran síntomas de agotamiento tras seis años en la misma cartera.
Asimismo, estos movimientos buscan liberar de responsabilidades estatales a figuras clave que deberán dedicarse a tiempo completo a la reestructuración y defensa del partido de cara a los comicios de 2028.

