
POR DÁNICA COTO
LA HABANA (AP) — Es casi mediodía en La Habana cuando un puñado de turistas baja de un pequeño autobús amarillo y corre hacia una fila de relucientes autos clásicos, con sus cámaras en mano.
Cerca de allí, bajo la sombra de un almendro de playa, un grupo de conductores se pone rápidamente de pie, algunos esperando su primer cliente del día.
Pero los turistas se toman un par de selfies rápidas frente a los autos de colores brillantes, que van desde un Pontiac de 1950 hasta un Buick de 1960 y se alejan.
“Esto está crítico”, afirmó Reymundo Aldama, quien conduce un Ford Fairlane convertible rosa chicle de 1957. “Estamos esperando que vengan, que venga trabajo”.
El turismo en Cuba cae en picada, en un momento en que la isla necesita desesperadamente esos ingresos.
El número de visitantes ha disminuido más de la mitad desde 2018.
Durante casi dos décadas, un flujo constante de viajeros provocó un auge en el turismo, solo para que la pandemia de COVID-19 y los severos apagones provocaran su decadencia, junto con un aumento de las sanciones de Estados Unidos.
Ahora, los cubanos cuya subsistencia depende del turismo son algunos de los que más sufren mientras la isla se prepara para lo que, según los expertos, podría ser una crisis económica catastrófica tras la interrupción en los envíos de petróleo desde Venezuela después del ataque de Estados Unidos al país sudamericano y el arresto de su presidente.
La situación ya es acuciante para Rosbel Figueredo Ricardo, de 30 años, quien vende un popular platillo callejero cubano conocido como “chivirico”, tiras delgadas de harina frita espolvoreadas con azúcar.
Solía cargar 150 bolsas de chivirico cada mañana en una bandeja de plástico que equilibra en su hombro y, para la tarde, ya había vendido todas.
Actualmente, solo carga 50 bolsas diarias, trabaja desde el amanecer hasta la noche y a veces no vende ni una sola bolsa.
“Yo soy técnico medio mecánico industrial. Y míreme aquí”, expresó.
Figueredo tiene una pareja y tres hijos, con un cuarto en camino, y está preocupado.
“Esto es el diario, esto se vive para comer”, manifestó.
Una tarde reciente, al no encontrar turistas cerca del famoso malecón de La Habana, caminó hacia la embajada de España, con la esperanza de que algunos de los muchos cubanos que hacen fila diariamente buscando una visa para salir de la isla le compren.
“Una caída brusca”
Durante décadas, el turismo le generó a Cuba hasta 3.000 millones de dólares al año.
Los visitantes llenaban los restaurantes, se aglomeraban a lo largo del malecón de La Habana y se reunían en imponentes monumentos y edificios estatales.
El flujo constante de viajeros impulsó el empleo y llevó a abrir cientos de pequeños negocios, incluidos hostales y restaurantes.
Hoy en día, el malecón está salpicado principalmente de parejas cubanas o pescadores que esperan atrapar su próxima comida.
Cerca de allí, los manteles de los restaurantes vacíos junto al mar ondean al viento mientras los empleados sostienen menús y exploran el horizonte en busca de clientes que nunca llegan.
Alrededor de 2,3 millones de turistas visitaron Cuba de enero a noviembre de 2025, significativamente menos que los 4,8 millones en 2018 y los 4,2 millones en 2019, antes de la pandemia.
Algunos cubanos temen que las crecientes tensiones entre Estados Unidos y Cuba, los cortes en el suministro de agua y electricidad y las grandes pilas de basura en populares áreas turísticas hayan ahuyentado a los visitantes.
La drástica caída en el número de turistas es especialmente grave porque las sanciones de Estados Unidos privaron a Cuba de casi 8.000 millones de dólares en ingresos de marzo de 2024 a febrero de 2025, una pérdida casi 50% mayor en comparación con el período anterior, según estadísticas del gobierno.
Una tarde reciente, solo tres personas abordaron un autobús turístico de dos pisos conducido por Gaspar Biart.
Ha conducido durante 16 años y recordó con una pequeña sonrisa lo llenos que solían estar los autobuses.
“El cambio es inmenso”, dijo, señalando que las sanciones impuestas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han cerrado las puertas de Cuba. “No nos deja ni respirar”.
Cuando el turismo estaba en auge y el petróleo fluía, ocho autobuses turísticos de dos pisos hacían tres viajes al día por La Habana. Ahora, solo hay cuatro, y la mayoría están casi vacíos, dijo Biart.
“Hace falta que venga el cliente”, expresó. “Eso lo deseamos todos los cubanos… El turismo en un motor impulsor de la economía de un país”.
Solían formarse largas filas cerca de los autos clásicos en espera de pasajeros. Había tanta demanda que a veces los turistas tenían que tomar cualquier auto disponible, no el modelo y marca que preferían.
Aldama, quien conduce un auto clásico, recordó cómo a veces trabajaba hasta las nueve de la noche. Actualmente, tiene suerte si lleva a uno o dos turistas a dar una vuelta en un día.
Culpa a Trump, quien en junio de 2019 prohibió que los cruceros visitaran Cuba, una de las formas más populares de viajar a la isla.
Eso llevó a lo que Aldama describió como “una caída brusca” en el número de turistas que, según él, ha empeorado en los últimos seis meses.
Solía cobrar 50 dólares por un recorrido por la capital. Ahora, dada la falta de demanda, ha bajado su precio a 25 dólares, e incluso a 20 si un turista insiste en regatear.
“El día que no haya combustible, paramos los carros y a buscar otro trabajo”, dijo Aldama. “No queda de otra”.
“Locura política”
En una reciente tarde soleada, Vincent Seigi de Rusia se relajaba en un banco de madera y miraba el mar azul profundo y el imponente Castillo del Morro de Cuba, construido durante la era colonial.
Raspaba la pulpa blanca de varios cocos junto con dos amigos.
Solo llevaba dos días en Cuba.
“Esperaba que fuera un poco caótico, tal vez no tan amigable para los turistas debido a la complicada situación económica”, comentó. “Es como si el tiempo estuviera un poco detenido aquí”.
Seigi dijo que no le preocupaban los apagones crónicos ni la abundante basura, pero comentó que era extraño no tener conexión móvil.
Le preocupaba que lo que veía en Cuba pudiera suceder pronto en Rusia.
“La política no es genial, por decirlo suavemente”, expresó. “Ya tenemos muchas sanciones debido a la locura política”.
Dado que Venezuela, el aliado político y económico más fuerte de Cuba, se ha desvanecido por ahora, algunos se preguntan si China o Rusia intervendrán.
“Creo que nuestro país ahora solo puede proporcionar ayuda retórica”, dijo, como hacer declaraciones de que Estados Unidos es malo para Cuba. Agregó que no cree que Rusia tenga recursos para ofrecer y que ya tiene dificultades para ganar la guerra contra Ucrania.
Seigi afirmó que sentía que algunos cubanos estaban desesperados por ganar dinero de los turistas, y que algunos vendían puros caros afirmando que provenían de un festival patrocinado por el expresidente Raúl Castro. “Tanta gente pobre, lamentablemente”, dijo.
Mientras tanto, la turista brasileña Gloraci Passos de Carvalho, maestra de profesión, comentó que siempre había tenido curiosidad por el sistema político y educativo de Cuba y no se dejó intimidar por la creciente crisis de la isla ni por las actuales tensiones con Estados Unidos.
Dijo que le impresionó la atmósfera acogedora de Cuba, su arquitectura, pero, sobre todo, su resiliencia.
“Es una lección para la gente, sobrevivir con menos”, expresó. “En Brasil lo llamamos hacer limonada con los limones… Así que lo veo en ese sentido, lo veo de manera positiva.”

