
POR STEPHEN GROVES
WASHINGTON (AP) — El expresidente Bill Clinton y la exsecretaria de Estado Hillary Clinton finalizaron un acuerdo con los republicanos de la Cámara de Representantes el martes para testificar en una investigación sobre Jeffrey Epstein este mes, cediendo ante la amenaza de un voto por desacato al Congreso.
Hillary Clinton testificará ante el Comité de Supervisión el 26 de febrero y Bill Clinton comparecerá el 27 de febrero. Será la primera vez que los legisladores obliguen a un expresidente a testificar.
El acuerdo se produce después de meses de negociaciones entre ambas partes y mientras los republicanos buscan hacer de los Clinton un punto focal en la investigación de un comité de la Cámara sobre Epstein, un delincuente sexual convicto que se suicidó en una celda de la cárcel de Nueva York en 2019, y Ghislaine Maxwell, su exnovia.
“Esperamos ahora interrogar a los Clinton como parte de nuestra investigación sobre los horribles crímenes de Epstein y Maxwell, para ofrecer transparencia y rendición de cuentas al pueblo estadounidense y a los sobrevivientes”, declaró el representante James Comer, presidente del Comité de Supervisión de la Cámara.
Durante meses, los Clinton resistieron las citaciones del comité, pero los republicanos, con el apoyo de algunos demócratas, habían avanzado en los cargos de desacato criminal al Congreso para una posible votación esta semana.
Los Clinton hubieran tenido que pagar cuantiosas multas o incluso pasar tiempo en prisión si hubieran sido condenados.
El presidente de la Cámara, Mike Johnson, indicó el martes que cualquier esfuerzo por declararlos en desacato al Congreso estaba “en pausa”.
Incluso cuando los Clinton cedieron ante la presión, las negociaciones entre los legisladores del Partido Republicano y los abogados de los Clinton estuvieron marcadas por la desconfianza mientras discutían los detalles de la declaración.
Acordaron que las declaraciones fueran transcritas y grabadas en video, comentó Comer.
Es probable que la beligerancia solo crezca, en momentos en que los republicanos ansían interrogar bajo juramento a sus adversarios políticos.
Clinton, al igual que varios otros hombres de alto poder, tuvo una relación bien documentada con Epstein a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000. No ha sido acusado de delito alguno en sus interacciones con el difunto financiero.
Ambos Clinton han dicho que no tenían conocimiento de que Epstein estaba abusando sexualmente de menores.
Los Clinton argumentaron que las citaciones para su testimonio eran inválidas y ofrecieron presentar declaraciones juradas sobre su limitado conocimiento de los crímenes de Epstein.
Pero cuando Comer amenazó con proceder con los cargos de desacato, comenzaron a buscar una salida.
Ambos Clinton han sido muy críticos con la forma en que Comer ha manejado la investigación de Epstein y argumentan que está más enfocado en llevarlos a testificar que en hacer que la administración Trump rinda cuentas por cómo ha manejado la divulgación de sus archivos sobre Epstein.
Aun así, la amenaza de los cargos de desacato planteó la posibilidad de que el Congreso utilizara uno de sus castigos más severos contra un expresidente por primera vez.
Históricamente, el Congreso ha mostrado deferencia hacia los expresidentes. Ninguno ha sido obligado a testificar ante los legisladores, aunque algunos lo han hecho voluntariamente.

