Por Tito Olivo

El fortalecimiento del oro y la reciente caída de las criptomonedas reflejan un cambio estructural en las preferencias del capital global.

Mientras el oro consolida su rol histórico como activo refugio, reserva de valor y herramienta de soberanía, las criptomonedas evidencian su alta vulnerabilidad a la volatilidad, la especulación y la regulación estatal.

El incremento en las compras de oro por parte de los Bancos Centrales, la persistente incertidumbre geopolítica y los riesgos inflacionarios han impulsado una migración de capital desde activos digitales especulativos hacia activos tangibles y estables.

Este fenómeno sugiere que el sistema financiero internacional está transitando de una fase de euforia especulativa a una etapa de búsqueda de seguridad real.

Para países productores de oro como la República Dominicana, este contexto representa una oportunidad estratégica para fortalecer la soberanía económica, aumentar la captación de beneficios mineros y consolidar esquemas de acumulación de oro como reserva nacional.