
La Suprema Corte de Justicia ha ratificado la sentencia absolutoria de Luis Maisichell Dicent, dejando claro que el exadministrador de la Lotería Nacional Dominicana no tuvo vínculo alguno con el fraude del número 13. Esta decisión desmonta, desde el más alto tribunal, una narrativa construida a base de sospechas, titulares y juicios mediáticos. La verdad jurídica, aunque tardía, se impone sobre el ruido.
Pero la absolución no borra los meses de linchamiento público, ni devuelve automáticamente la paz perdida. Queda la pregunta inevitable: ¿quién repara el daño moral, familiar y profesional causado?.
¿Quién devuelve lo quitado? ¿Quién construye lo destruido? La justicia penal cerró el caso, pero la herida humana sigue abierta. Y yo me pregunto: honrará el presidente a este hombre, su familia y sus amigos, nombrándolo otra vez?
Ahora el foco se desplaza hacia Michel Dicent, no como imputado, sino como ser humano que sobrevivió a la demolición pública. Tras campañas de descrédito, difamación e injurias inventadas, la absolución no garantiza una reconstrucción inmediata de su vida. El estigma social suele ser más persistente que una sentencia.
Lo que sigue es un camino cuesta arriba: rehacer una carrera, recuperar la dignidad pública y volver a creer en las instituciones. Tal vez esta etapa no trate de volver a lo que fue, sino de construir algo distinto, con la verdad como único respaldo. Porque hay absoluciones que liberan legalmente, pero obligan a renacer desde las cenizas.
Dr. José Antonio Bernechea Abogado
Modificaciones Nelson Feliz

