POR MAURICIO SAVARESE

SAO PAULO (AP) — Menos podios y entrevistas. Más zancadas y sentadillas.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, está acelerando su apuesta por la reelección a los 80 años al mostrarse fornido en entrenamientos que, según sus críticos, son más populares que el propio mandatario.

Mientras los brasileños están divididos sobre si debería postularse para un cuarto mandato no consecutivo, existe un inusual consenso respecto de su compromiso de correr en una cinta todos los días.

“Es un poco mayor para hacer campaña otra vez. Sería mejor que se postulara otra persona. Pero sus entrenamientos sí son un buen ejemplo para gente como yo”, comentó Marcela Peres, de 63 años, mientras se ejercitaba en el gimnasio de un hotel en Brasilia el miércoles.

El intento de Lula de mostrarse lleno de energía ha llevado a su principal rival, el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, a exhibir también sus movimientos.

Algunos votantes han expresado preocupación de que Lula pudiera seguir el camino del expresidente de Estados Unidos Joe Biden, quien se retiró de la contienda de 2024 por dudas sobre su salud y su edad.

Pero Lula está ejercitando los músculos para desafiar a sus simpatizantes a que vuelvan a acompañarlo.

“Uno de estos idiotas dijo que no era yo, que era un clon”, declaró Lula en marzo, días después de que su esposa, Rosângela da Silva, publicó un video de su rutina de entrenamiento. “Vayan al gimnasio. Prepárense. Beban menos y trabajen para ver qué pasa. Quiero vivir 120 años”.

Su principal rival tiene casi la mitad de su edad

El presidente jugó fútbol con frecuencia durante sus dos primeros mandatos, mantuvo una rutina de ejercicios durante sus 580 días en prisión y ha defendido el ejercicio desde que se postuló en 2022 para derrotar al entonces presidente Bolsonaro, un excapitán del Ejército con mala salud.

Si Lula gana en octubre, superará su propio récord como el hombre de mayor edad en ser elegido presidente de Brasil.

Su principal rival tiene casi la mitad de su edad.

Bolsonaro, el hijo de 45 años del expresidente, se burló recientemente de Lula al compararlo con un viejo Chevrolet Opala que está “todo al revés” y “bebe mucho (combustible)”.

Lula, que ha aparecido en casi todas las boletas presidenciales desde el fin de la dictadura militar en 1985, restó importancia al insulto al describirse, en cambio, como un “auto turbo”.

“Está haciendo esto para alejarse del efecto Joe Biden”, señaló Carlos Melo, profesor de ciencia política en la universidad Insper, en Sao Paulo. “Flávio Bolsonaro intenta decir que en realidad él es el joven. Esto es un juego de imagen”.

La población votante de Brasil está envejeciendo

Bolsonaro hijo también está dando señales de que está en buena forma al compartir videos de él corriendo distancias cortas hacia reuniones y bailando en el escenario.

Este lado de su personalidad se hizo evidente recién en diciembre, cuando su padre lo ungió como candidato presidencial desde la cárcel en la capital, Brasilia, donde cumplía una condena de 27 años por liderar un intento de golpe de Estado antes de pasar a arresto domiciliario.

El consultor Felipe Soutello, quien dirigió varias campañas para políticos en Brasil, afirmó que hoy las postulaciones a cargos públicos deben mostrar a los candidatos en movimiento, sin importar la edad.

“La oposición usará cierto edadismo, un poco de prejuicio contra las generaciones mayores, como herramienta para perjudicar el desempeño del presidente”, manifestó Soutello.

Pero señaló que Brasil atraviesa un cambio demográfico, en el que los votantes mayores de 60 años representan una cuarta parte del electorado. “Ellos tienen más peso político que los jóvenes”, sostuvo.

La cantidad de brasileños mayores de 60 años habilitados para votar creció de 20,8 millones en 2010 a 36,2 millones en marzo de este año, según el investigador Nexus, que citó cifras del máximo tribunal electoral de Brasil.

El músico Antonio Moreira, de 50 años, ama entrenar en la playa en Rio de Janeiro, luciendo sus músculos, su bronceado y sus tatuajes. Forma parte de un grupo pequeño e influyente que podría decidir la elección: los votantes que aún no se comprometen ni con Lula ni con Bolsonaro.

En la última elección, Lula ganó con apenas el 50,9% de los votos, el margen más estrecho en la historia del país.

“Nadie quiere votar por un presidente que va tropezando”, dijo Moreira, y añadió que los entrenamientos de Lula también animan a las personas mayores a mantenerse activas.

Sobre los movimientos de Bolsonaro, Moreira afirmó que “un pequeño baile puede definir toda una carrera política” en Brasil. Pero eso no alcanza.

“Está bien hacerlo como lo hacen para buscar votos, pero para llegar a otro tipo de votante tiene que haber propuestas más reales, ¿no?”.