
El Desfile Nacional Dominicano regresó con una gran celebración que reunió a distintas generaciones de una de las comunidades más influyentes de la ciudad
Por Jenny Saavedra
Para miles de dominicanos en Nueva York, el Desfile Nacional Dominicano es mucho más que uno de los grandes eventos del verano. Es una oportunidad para reunirse con la familia, encontrarse con amigos, celebrar sus raíces y mantener viva una conexión con República Dominicana que ha logrado atravesar generaciones y kilómetros de distancia.
Este domingo, esa tradición regresó a Manhattan.
La Sexta Avenida recibió la edición número 44 del desfile, que reunió a dominicanos de distintas generaciones y procedencias, junto a artistas, organizaciones, líderes comunitarios, empresas y aliados de una comunidad con profundas raíces en Nueva York. La marcha fue abierta por una delegación del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD), encabezada por la comisionada Jessica Tisch, que dio paso al recorrido y al inicio de la celebración.
Desde temprano, ambos lados de la Sexta Avenida comenzaron a llenarse. Familias enteras y grupos de amigos fueron tomando posiciones detrás de las barricadas para conseguir un buen lugar desde donde observar el desfile. Las banderas dominicanas se multiplicaban entre el público mientras avanzaba la mañana.
Algunos asistían por primera vez. Para otros, regresar al desfile se ha convertido en una tradición que mantienen año tras año.
Ese es el caso de Luisa Collado, quien vive en Nueva York desde hace más de 30 años y lleva más de una década asistiendo al desfile. Para esta edición llegó vestida con los colores y símbolos de República Dominicana como una manera de mostrar el orgullo por sus raíces.
“Hoy vine vestida con la bandera dominicana, representando lo típico de mi país. Vivo en Nueva York hace más de 30 años y vengo al desfile desde hace más de 10”, contó Collado.
Entre el público también estaba Frilia, residente de El Bronx desde hace aproximadamente una década. Cuando se le preguntó desde cuándo participa en el desfile, su respuesta fue breve pero contundente: “Siempre”. Para ella, volver cada año forma parte de una celebración que ya se convirtió en tradición.
A lo largo de la ruta también fue visible una fuerte presencia del NYPD, con agentes ubicados en distintos puntos del recorrido para reforzar la seguridad y mantener el orden durante una jornada que reunió a miles de personas en Manhattan.
Entre las figuras públicas que participaron estuvo el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien se sumó al recorrido y compartió con miembros de la comunidad dominicana durante una de sus principales celebraciones en la ciudad.
Pese a la magnitud del evento, el recorrido transcurrió de manera organizada. Las delegaciones, agrupaciones culturales, organizaciones, empresas y carrozas fueron incorporándose progresivamente a la marcha, mientras el público permanecía distribuido a ambos lados de la avenida.
Detrás de esa coordinación estuvo la organización del Desfile Nacional Dominicano, responsable de una celebración que durante más de cuatro décadas ha logrado reunir en Manhattan a distintas generaciones de la diáspora y convertir la Sexta Avenida en uno de sus principales puntos de encuentro.
Y mientras las más de 40 carrozas avanzaban por la avenida, entre música, delegaciones y representantes de distintos sectores de la ciudad, el desfile dejaba ver algo que iba mucho más allá de la celebración.
La magnitud de la jornada era también un reflejo del crecimiento y la influencia que ha alcanzado la comunidad dominicana, cuya presencia forma parte esencial de la vida económica, cultural, política y social de Nueva York.
Hoy vine vestida con la bandera dominicana, representando lo típico de mi país. Vivo en Nueva York hace más de 30 años y vengo al desfile desde hace más de 10”
Una comunidad que hizo de Nueva York su casa
Durante décadas, miles de dominicanos han hecho de Nueva York su hogar, construyendo nuevas oportunidades para sus familias y creando redes que facilitaron el camino de quienes llegaron después.
Con el tiempo, su presencia se extendió por distintos puntos de la ciudad y mucho más allá de los vecindarios donde inicialmente echaron raíces.
Hoy, la huella dominicana se siente en los negocios, la cultura, los medios, las organizaciones comunitarias y la política.
Esa historia continúa con nuevas generaciones de dominico-americanos que crecieron en Nueva York manteniendo una fuerte conexión con sus raíces.
La experiencia dominicana tampoco puede explicarse a través de un solo vecindario. Con los años, las familias se establecieron en diferentes sectores de Manhattan, El Bronx, Queens y Brooklyn, desarrollaron negocios, organizaciones y sólidas redes comunitarias.
Los pequeños comercios fueron durante años una puerta de entrada para muchas familias, pero el alcance de la comunidad creció mucho más allá. Hoy dominicanos y dominico-americanos tienen presencia en universidades, empresas, medios de comunicación, sindicatos, organizaciones comunitarias, las artes, el deporte y la política.
Lo que comenzó como una historia de inmigración se convirtió también en una historia de participación, crecimiento e influencia.
Ese recorrido pudo verse también en la Sexta Avenida.
Entre quienes asistieron estaban personas que todavía recuerdan sus primeros años en Estados Unidos y jóvenes nacidos aquí que heredaron de sus padres y abuelos el vínculo con República Dominicana.
Para algunos, la isla continúa siendo el lugar donde nacieron y dejaron parte de su familia.
Para otros, es el país de sus padres, el destino de las vacaciones, el lugar de los abuelos o el origen de muchas de las costumbres con las que crecieron.
Padres, hijos, abuelos y nietos compartieron así una tradición en la que cada generación encontró su propia manera de expresar su identidad. Después de más de cuatro décadas, el evento continúa siendo un punto de encuentro para una comunidad que ha cambiado enormemente sin perder el vínculo con sus raíces.
El abogado William Schwitzer, quien lleva más de 30 años acompañando y trabajando de cerca con las comunidades latinas de Nueva York, se unió a El Diario y estuvo presente en el Desfile Nacional Dominicano.
Schwitzer destacó la importancia de reconocer las contribuciones de la comunidad dominicana y de acompañarla en una celebración que cada año reúne a miles de personas.
“Como tantos otros grupos inmigrantes que han enriquecido a Nueva York, la comunidad dominicana ha aportado su cultura, gastronomía y arte, pero sobre todo el esfuerzo de hombres y mujeres que trabajan cada día para sacar adelante a sus familias. Mi compromiso ha sido educar, proteger y asegurar que nuestra comunidad conozca sus derechos, por eso decimos presente en esta celebración”, expresó el abogado William Schwitzer.
El Diario también dijo presente un año más, continuando una relación con las comunidades hispanas de Nueva York que se extiende por más de un siglo.
La experiencia dominicana ha ocupado un lugar importante dentro de esa historia. Sus páginas han contado los desafíos enfrentados por quienes llegaron a Estados Unidos buscando nuevas oportunidades, pero también el crecimiento y los logros de las generaciones que vinieron después.
Ingrid Jiménez-Caba, directora de Ventas y Marketing de El Diario NY, resaltó la importancia de acompañar nuevamente una de las celebraciones más emblemáticas de la comunidad dominicana.
“Estar nuevamente en este desfile nos permite celebrar junto a una comunidad que ha hecho de Nueva York su hogar y que cada día aporta a su crecimiento. Para El Diario es un orgullo seguir acompañando y amplificando las voces de los dominicanos”, afirmó Jiménez-Caba.
Una celebración que trasciende el desfile
Después de horas de música, baile y banderas ondeando sobre la Sexta Avenida, el Desfile Nacional Dominicano llegó a su fin, pero el ambiente festivo continuó entre quienes permanecieron en las calles de Manhattan.
La jornada volvió a demostrar la capacidad de convocatoria de una celebración que, después de 44 ediciones, conserva un significado especial para los dominicanos de Nueva York.
Más allá de las carrozas, los artistas y las delegaciones, fueron las familias y los asistentes quienes dieron sentido al recorrido. Algunos llegaron para recordar el país donde nacieron; otros, para celebrar una herencia que conocieron a través de sus padres y abuelos.
Al finalizar, las banderas dominicanas seguían apareciendo entre la multitud mientras poco a poco la Sexta Avenida recuperaba su ritmo habitual.
Por un día, el azul, rojo y blanco dominaron una de las avenidas más emblemáticas de Manhattan, dejando claro que esta celebración sigue teniendo muchas historias por contar.
Fuente Eldiariony.com

