
POR MATT SEDENSKY
NUEVA YORK (AP) — Mientras Estados Unidos e Israel bombardeaban sin tregua a Irán en los primeros días de la guerra, las predicciones más dramáticas sobre el costo del conflicto eran implacables: alza vertiginosa de los precios del petróleo, recesión mundial y catástrofe económica.
Pero, seis meses después, las previsiones más sombrías no se han cumplido, aunque ningún rincón de la economía mundial ha quedado intacto.
“Hasta ahora, la economía global ha logrado el equivalente financiero de una escena de ‘Misión Imposible’”, comentó Michael Ashley Schulman, estratega de inversiones de Cerity Partners.
A continuación, un vistazo a cómo la economía mundial ha resistido la guerra, y quiénes han sido los ganadores y los perdedores:
Ganador: Inversionistas que no entraron en pánico
A los mercados bursátiles les disgusta la incertidumbre, y la decisión de Estados Unidos e Israel de atacar a Irán el 28 de febrero aportó grandes dosis de ella.
Columnas de humo se elevaron desde Teherán, iraníes desesperados colmaron las carreteras intentando escapar, y el aumento de muertes —incluidas las de niños— ocupó titulares. Era suficiente para que cualquier inversionista se sintiera inquieto.
Los precios del petróleo se dispararon y Wall Street inició una retirada que se traduciría en cinco semanas consecutivas de pérdidas. El Dow y el Nasdaq entraron en corrección. El S&P 500 tuvo su peor mes desde 2022.
Pero desde que el mercado tocó fondo a finales de marzo se ha producido un giro importante. El Dow ha subido casi un 19%, el S&P casi un 22% y el Nasdaq se ha disparado un 27%.
Si esas ganancias se mantienen durante los meses finales de 2026, los tres índices registrarían su cuarto año consecutivo de avances.
El Fondo Monetario Internacional señaló, en un informe de julio, que la economía estaba “siendo moldeada por dos enormes fuerzas que empujan en direcciones opuestas”.
La guerra ha inhibido el crecimiento, pero el entusiasmo por la inteligencia artificial ha compensado ese lastre.
La gente de a pie quizá esté pagando más por combustible, alimentos y viajes. Pero Wall Street, por ahora, lo está pasando por alto.
Perdedor: Los que pagan por gasolina
La consecuencia económica más evidente de la guerra ha sido su impacto en el petróleo. Con el movimiento de petroleros a través del estrecho de Ormuz en casi cero, el precio del crudo Brent subió de 72 dólares por barril a casi 120.
Aunque los precios se han moderado, siguen alrededor de un 20% por encima de los niveles anteriores a la guerra.
El precio del petróleo afecta a todo, desde crayones hasta cosméticos, pero golpea con especial dureza a cualquiera que se desplace.
El combustible de aviación costará en promedi, un 70% más que en 2025, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo. Las aerolíneas, a su vez, han aumentado el precio de los boletos, incrementado las tarifas por equipaje y aplicado recargos por combustible, al tiempo que recortan vuelos o abandonan planes para añadir rutas.
Lufthansa Group, por ejemplo, recortó 20.000 vuelos de corta distancia. Spirit Airlines, aunque llevaba años con problemas, desapareció.
“La probabilidad de que se reviertan los recargos por combustible y de que bajen las tarifas aéreas es muy baja en los próximos meses”, manifestó Brett House, economista de la Universidad de Columbia.
“Hay menos opciones para los consumidores y menos competencia entre aerolíneas y, por lo tanto, menos presión para contener los aumentos de tarifas”.
Ganador: El argumento a favor de la energía limpia
Con los petroleros paralizados y los precios del combustible en alza, la guerra reforzó el argumento de que imperativo invertir en energía limpia.
Las ventas de vehículos eléctricos alcanzaron récords en algunas partes del mundo.
En Singapur, el crecimiento interanual de los vehículos eléctricos llegó al 110%. En Nueva Zelanda, la cifra alcanzó el 180%. Y en Colombia, los vehículos eléctricos registraron un aumento del 300%.
A nivel mundial, los vehículos eléctricos representarán el 29% de las ventas totales de vehículos en 2026, según un informe de perspectivas de la Agencia Internacional de la Energía, frente al 25% del año pasado.
Ese crecimiento es aún más impresionante si se considera que las dos mayores economías del mundo, Estados Unidos y China, registraron una caída en la demanda de vehículos eléctricos.
Los países que dependían del petróleo del Golfo Pérsico se han visto impulsados a actuar. En el sudeste asiático, los líderes han ampliado el uso de energías renovables e investigado el despliegue de energía nuclear.
En África, los países han buscado expandir el refinado interno y aceleraron la instalación de paneles solares.
Scott Lehmann, experto en cadenas de suministro de Sphera, una firma de inteligencia operativa, contabiliza 26 países y regiones que han anunciado medidas de energía limpia y electrificación en respuesta a la guerra.
“La crisis está forzando la inversión más rápido de lo que lo haría cualquier marco de políticas”, afirmó.
Perdedor: La lucha contra el hambre
Para los privilegiados, los costos de la guerra quizá apenas sean un bache. Para los más pobres, la historia es distinta.
Como el Golfo Pérsico no solo es un líder en la producción mundial de petróleo, sino también de fertilizantes, la guerra ha asestado un golpe a los agricultores.
Justo cuando muchos estaban tomando decisiones sobre sus cultivos, los precios de los fertilizantes se dispararon y alcanzaron su pico en abril, un 44% por encima de los niveles previos a la guerra, según el índice de precios del Banco Mundial.
En respuesta, algunos agricultores redujeron el uso de fertilizantes, lo que podría poner en riesgo las cosechas del próximo año.
“Si estás reduciendo el uso de fertilizantes ahora, en cierto modo estás socavando la cosecha del próximo año”, explicó Arif Gasilov, experto en recursos naturales de la consultora Gasilov Group.
El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas ha advertido que decenas de millones de personas podrían verse empujadas al hambre.
En un testimonio esta semana, su director ejecutivo interino, Carl Skau, indicó que la “asfixia de las exportaciones de fertilizantes” ha golpeado con fuerza a Asia y África.
Los mayores costos de transporte también obstaculizaron los propios esfuerzos humanitarios del PMA.
“Un petrolero anclado en el estrecho de Ormuz puede significar una comida menos al día para un niño en Sudán”, expresó Skau. “Cuando suben los precios del petróleo, también sube el precio de la harina, el arroz y las verduras”.
Ganador: Los negocios de los Trump
La guerra ya le ha costado a Estados Unidos decenas de miles de millones de dólares y ha provocado miles de bajas iraníes. Ha recortado, según estimaciones, cientos de miles de millones de dólares de la producción mundial prevista.
Pero la familia del hombre en el centro de todo, el presidente Donald Trump, ha estado entre los beneficiarios.
El contratista militar Powerus, a punto de salir a bolsa de la mano de Eric y Donald Trump Jr., obtuvo un contrato de la Fuerza Aérea por un valor de hasta 90 millones de dólares para suministrar interceptores destinados a derribar drones iraníes.
De forma similar, la firma de capital privado 1789 Capital Management, a la que Don Jr. se incorporó días después de la reelección de su padre, posee participaciones en varios otros contratistas militares que se benefician de la guerra.
Uno de ellos, Anduril, obtuvo la aprobación de Estados Unidos para ventas de hasta 2.000 millones de dólares en interceptores de drones a Kuwait.
Un segundo, SpaceX de Elon Musk, está proporcionando servicio satelital para guiar drones contra Irán. Y un tercero —el fabricante de cohetes Firehawk Defense— obtuvo contratos del Pentágono para propelentes y ojivas con el fin de reponer las menguantes reservas de Estados Unidos.
Una portavoz de 1789 Capital, Alexa Henning, sostuvo que Don Jr. no participó en la decisión de invertir dinero en esas empresas, por lo que no existe una “conexión nefasta”.
Al propio presidente también le ha ido bien.
Su cartera de inversiones, gestionada por administradores externos, ha acumulado acciones de proveedores militares favorecidos por la guerra, entre ellos Lockheed Martin, General Dynamics y Northrop Grumman.
Los demócratas difundieron un informe esta semana en el que señalan que las tenencias de Trump en acciones de petróleo y gas se han disparado hasta en 15,5 millones de dólares.
Una portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, insistió en que “no hay conflictos de interés” y que “el presidente Trump solo actúa en el mejor interés del público estadounidense”.
Aunque las finanzas personales de Trump se han beneficiado, su suerte política es otra cuestión. El conflicto ha sido impopular y podría pesar en los votantes a medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato.
Contribuyeron a esta nota los corresponsales Mae Anderson, Cathy Bussewitz y Bernard Condon en Nueva York; Paul Wiseman en Washington; Wyatte Grantham-Philips en Chicago; Rio Yamat en Las Vegas; Alexa St. John en Detroit; Allan Olingo en Nairobi, Kenia; Chan Ho-him en Hong Kong y Anton L. Delgado en Bangkok.
