POR MAURICIO SAVARESE, ELÉONORE HUGHES and ANNA-CATHERINE BRIGIDA

SAO PAULO, Brasil (AP) — El senador Flávio Bolsonaro —aliado del mandatario estadounidense Donald Trump— y el veterano presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se enfrentarán el 25 de octubre en una segunda vuelta por la presidencia de la principal economía de América Latina después de que ninguno obtuvo la mayoría en la votación del domingo.

Según el cómputo oficial del Tribunal Superior Electoral, con sede en Brasilia, ni el presidente en funciones de 80 años —que busca su cuarto mandato no consecutivo— ni el hijo de 45 años del expresidente Jair Bolsonaro obtuvieron la mayoría de votos necesaria para un triunfo directo.

El tribunal situó a Bolsonaro con poco más de 56 millones de votos frente a 53,7 millones de Lula, con el 99,8% de los votos escrutados.

El próximo mandato presidencial comenzará el 5 de enero de 2027.

El ganador asumirá la dirección de la mayor economía de América Latina y de una nación con 214 millones de habitantes.

Una victoria de Bolsonaro aumentaría la influencia de Estados Unidos en América Latina. Si Lula gana, Brasil mantendrá distancia respecto de Washington y seguirá profundizando su relación con China.

Lula enfrenta una dura batalla

Flávio Bolsonaro se dirigió a la prensa y a un pequeño grupo de simpatizantes —entre ellos algunos con camisetas verdes y amarillas de Brasil y una mujer envuelta en la bandera de Israel— frente a su casa en Brasilia.

“Brasil quiere cambio, esa es la lectura de lo que pasó hoy”, dijo Bolsonaro.

“Es el fin de la era del Partido de los Trabajadores”, añadió en referencia a la fuerza política de Lula.

Lula, que buscó mostrarse alentador ante una cuesta arriba para vencer a Bolsonaro en la segunda vuelta, reconoció que el resultado fue “inesperado” ya que pensó que podía ganar en primera vuelta.

“Mañana empezamos una nueva campaña ”, dijo. “Soy muy bueno en la fase de eliminación directa. Veremos quién tiene el mejor plan”.

Lula y Bolsonaro dispondrán de tres semanas para intentar atraer a los moderados que no los apoyaron en la primera vuelta.

Ronaldo Caiado y Renan Santos, dos candidatos que sumaron alrededor de 5,3 millones de votos el domingo, han dicho que no respaldarán a ninguno en la segunda vuelta.

Se espera que en la campaña Lula apueste por la popularidad de sus políticas sociales y los numerosos problemas legales de su rival.

Problemas de imagen

Aunque el otrora muy popular Lula vio desplomarse sus índices de aprobación durante su tercer mandato, plantarle cara a Estados Unidos le ha dado un impulso.

Y aún disfruta de una sólida base de simpatizantes que atribuyen a sus políticas sociales la mejora de la vida de millones de brasileños.

Pero el mandatario enfrenta una dura batalla debido a una crisis de asequibilidad y un escándalo de corrupción que involucró al mismo juez que encabezó la investigación contra Bolsonaro.

Bolsonaro probablemente amplifique su mensaje sobre la caída del poder adquisitivo y vincule al presidente con escándalos de corrupción.

El conservador ha prometido reprimir a los grupos criminales brasileños e insistió en que Brasil necesita cerrar mejores acuerdos con la administración Trump, incluida la economía de minerales raros, sólo superada por China.

Bolsonaro también ha hecho campaña prometiendo liberar a su padre y traerlo de vuelta a la política.

Ambos candidatos enfrentan problemas de imagen: casi la mitad de la población de Brasil desaprueba a la familia Bolsonaro, y aproximadamente la mitad desaprueba al Partido de los Trabajadores de Lula, según múltiples encuestas.

Hace cuatro años Lula derrotó en segunda vuelta al entonces presidente en ejercicio Jair Bolsonaro por unos 2,1 millones de votos.

Aunque fue una noche exitosa para Bolsonaro, aún no hay nada ganado, dijo Mayra Goulart, politóloga de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Lula debería “mirar los votos de Augusto Cury y Ronaldo Caiado e intentar reducir la abstención”, señaló.

Los votantes eligen entre el mandatario o el regreso de la derecha

Al reaccionar al resultado, Alvaro Senra, de 65 años, profesor de historia y simpatizante de Lula en Río de Janeiro, dijo que se sentía “tranquilo pero muy triste” tras seguir el conteo con amigos en un bar.

“Creo que este es el resultado de conservadores trabajando bajo el radar, incluso a través de iglesias neopentecostales. Pero creo que Lula aún puede ganar”, afirmó.

Maria Ribeiro, una vendedora de celulares de 50 años de Brasilia, comentó que votó por el hijo mayor de Bolsonaro porque quiere libertad para expresar su religión evangélica. Espera que siga los pasos de su padre.

“Voté por su padre y no me arrepiento”, dijo.

La cercanía con su padre fue lo que preocupó a Lorena Zschaber, una fotógrafa de 40 años que observaba cómo llegaban los resultados en un bar LGBTQ+ en el centro de Río de Janeiro.

Durante la presidencia de su padre, “la gente se sentía más a gusto para discriminar”, señaló.

“Soy una mujer LGBTQ+, no puedo pensar en nada peor que Flávio Bolsonaro sea elegido”, añadió.

Rosângela Resende da Rocha, de 69 años, que anteriormente era ama de casa, dijo que apoyaba las políticas sociales de Lula que ayudan a los “menos favorecidos” y cómo le planta cara a Trump.

“Ese loco quiere venir aquí a comprar nuestro país para que nuestro país sea como es allá”, dijo en un centro de votación en Brasilia. “No lo logrará si Lula gana”.

Confianza en el sistema de votación electrónica de Brasil

Nunca se ha detectado un fraude significativo desde que Brasil adoptó su sistema de votación electrónica en la década de 1990.

La misión de observación electoral de la Organización de los Estados Americanos (OEA) informó el domingo que “la votación transcurrió sin problemas y bajo condiciones adecuadas de seguridad”.

Las autoridades electorales han asegurado que los votos electrónicos son seguros y verificables.

Los votantes parecían en gran medida confiados en que el sistema de votación del país no puede ser manipulado.

Josemar Lauriano Pereira, un abogado de 46 años en Río de Janeiro, dijo que la rápida disponibilidad de resultados ayudó a combatir el fraude y la incertidumbre.

“Cuando los resultados tardan mucho, se crea una apertura para que la gente ponga en duda los resultados, para decir que ha habido un problema”, dijo.

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Hughes reportó desde Río de Janeiro y Brigida desde Brasilia.

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