Por Bolivar Balcacer

¿Qué se buscaba con el asesinato de Jovenel Moïse? Impedir que Haití tuviera estabilidad. Un país en caos es una mina de oro, y quienes la explotan lo saben.

Mientras el pueblo haitiano sangra y el dominicano se angustia, el intercambio comercial entre ambas naciones ronda los cuatro mil millones de dólares. Ahí no hay frontera, ni conflicto, ni discurso patriótico.

Los empresarios haitianos y la oligarquía dominicana se entienden de maravilla: cenan juntos, viajan juntos, se casan entre ellos y comparten fortunas.

La confrontación es para el público. Haití da likes y da votos. Políticos de ambos lados hacen carrera agitando el miedo, y esa agitación tiene financistas: los mismos magnates que sostienen a los medios encargados de mantener encendido el conflicto. Cuanto más ruido, más rédito.

Mientras tanto, las bandas controlan territorio, los hospitales colapsan, las familias huyen y la corrupción se perpetúa. Nadie en esa élite quiere que el problema se resuelva, porque la solución les costaría el negocio.

*El pueblo dominicano y el haitiano no son enemigos; son rehenes de intereses que prosperan con su división. Mientras no lo entendamos, seguirán lucrándose de la tragedia, aunque corra la sangre.

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