POR NICOLE WINFIELD and ANDREA ROSA

LAMPEDUSA, Italia (AP) — El papa León XIV, quien ha chocado con el gobierno del presidente Donald Trump por su ofensiva contra la inmigración, visitó el sábado el epicentro del debate migratorio de Europa para rendir homenaje a las decenas de miles de personas que han muerto intentando llegar al continente en busca de libertad y prosperidad.

Mientras Estados Unidos conmemora 250 años de la Declaración de Independencia con mítines, fiestas y fuegos artificiales, el primer papa de origen estadounidense viajó a la isla siciliana de Lampedusa para rezar en un cementerio de migrantes y celebrar una misa solemne por aquellos que han llegado más recientemente a la isla.

Lampedusa, una franja rocosa sin árboles de 9 kilómetros (5,6 millas) de largo, está más cerca de África que de la Italia continental y es el principal puerto de entrada a Europa para cientos de miles de migrantes introducidos clandestinamente en barco desde Libia o Túnez.

“Este es un lugar donde los gestos hablan más fuerte que las palabras”, dijo León. “Pero para que los gestos sean humanos, necesitan un corazón”.Al hacerlo, León enviaba un mensaje poderosamente simbólico a Estados Unidos y a Europa sobre la obligación cristiana de defender la dignidad de todo ser humano —en especial la de los migrantes y los más vulnerables—, al tiempo que recordaba a Estados Unidos que fue fundado por inmigrantes.

En una carta enviada a los estadounidenses en el aniversario del 4 de julio, León insistió en que proteger a los no nacidos y a toda vida humana también significa “acoger, proteger y asistir a los inmigrantes, cuyas esperanzas, sacrificios y contribución han formado parte de la historia de este país desde sus mismos inicios”.

“Recibirlos con compasión y generosidad no es solo un acto de caridad, sino también un reconocimiento de la dignidad que pertenece a toda persona humana”, escribió León.

Una diminuta isla se convierte en el punto cero de la migración europea

En los últimos años, Lampedusa se ha convertido en el punto cero del debate migratorio de Europa, mientras el continente lucha por vigilar sus fronteras y, a la vez, cumplir sus obligaciones legales de acoger a refugiados que huyen de conflictos, del cambio climático y de la pobreza.

En su homilía, León agradeció a sus residentes por el “milagro de compasión” que han mostrado al acoger a los migrantes e instó a Europa a estar a la altura del desafío del momento y asumir su responsabilidad.

“De hecho, antes de cualquier consideración intelectual o convicción ideológica, el encuentro con quienes yacen ante nosotros, despojados de todo, nos llama a estar cerca de ellos”, dijo León, con vestiduras decoradas con imágenes de olas.

Predicando desde “este remoto rincón de Europa en el mar Mediterráneo”, León instó a los líderes europeos a abordar el fenómeno migratorio de manera integral, integrando el alivio inmediato con estrategias a largo plazo para acoger, proteger, apoyar e integrar a los migrantes, al tiempo que se desarrollan sus países de origen para que nadie se vea obligado a migrar.

“Aquí han visto no solo a uno, sino a miles de seres humanos caídos en manos de ladrones que les han quitado todo, los han golpeado brutalmente y se han ido, dejándolos medio muertos”, dijo.

Otros han muerto haciendo el viaje, dijo, “y sin embargo sentimos su presencia, que nos interpela no menos que la de quienes han desembarcado necesitados de atención y ayuda”.

La cifra de migrantes que han llegado a Italia en lo que va de año es significativamente menor que en años recientes: el Ministerio del Interior informó de 14.464 llegadas hasta el viernes, frente a 30.598 en el mismo periodo del año pasado y 26.202 en 2024.

Al mismo tiempo, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha registrado más de 35.000 migrantes desaparecidos en el Mediterráneo desde 2014, aunque se cree que la cifra real de muertos es muy superior, dado el incontable número de naufragios “invisibles” que nunca se registran.