KIGALI, Ruanda (AP) — Félicien Kabuga, acusado de financiar el genocidio de Ruanda, murió el jueves en un hospital de La Haya mientras estaba bajo custodia, informó un tribunal de la ONU.

Kabuga, cuya fecha exacta de nacimiento no se conoce pero tenía más de 90 años, padecía demencia y estaba en un limbo legal desde 2023, cuando los jueces dictaminaron que no estaba en condiciones de ser juzgado.

Fue uno de los últimos fugitivos acusados en relación con el genocidio de 1994, señalado de alentar y financiar el asesinato masivo de la minoría tutsi de Ruanda.
Tras años de evadir los esfuerzos internacionales por localizarlo, Kabuga fue detenido cerca de París en mayo de 2020.

En un comunicado, el Mecanismo Residual Internacional para los Tribunales Penales, que se ocupa de los casos restantes de los tribunales de la ONU para Ruanda y las guerras de los Balcanes, indicó que “realizará una investigación sobre las circunstancias que rodearon la muerte de Kabuga mientras estaba bajo custodia”.

Su juicio comenzó casi tres décadas después de que la masacre de 100 días dejara unos 800.000 muertos. Se declaró inocente de cargos que incluían genocidio e incitación a cometer genocidio.

En la apertura del juicio, el abogado de la fiscalía Rashid Rashid describió a Kabuga como un entusiasta partidario de la matanza de tutsis que armó, entrenó y alentó a milicias hutus conocidas como Interahamwe.

El asesinato masivo de la minoría tutsi de Ruanda se desencadenó el 6 de abril de 1994, cuando un avión que transportaba al presidente Juvénal Habyarimana fue derribado y se estrelló en la capital, Kigali, matando al líder que, como la mayoría de los ruandeses, era hutu. La hija de Kabuga estaba casada con el hijo de Habyarimana.

La minoría tutsi fue culpada de derribar el avión. Grupos de extremistas hutus comenzaron a masacrar a tutsis y sus simpatizantes con ayuda del ejército, la policía y las milicias.

Rashid describió a Kabuga como un acaudalado empresario con estrechos vínculos con la élite política hutu que incitó al genocidio a través de la emisora RTLM, que ayudó a financiar y a fundar.

En algunos casos, proporcionaba ubicaciones de tutsis para que pudieran ser rastreados y asesinados, sostuvo.

Yolande Mukakasana, sobreviviente del genocidio y escritora que perdió a toda su familia en el genocidio, dijo a The Associated Press cuando se abrió el juicio que el caso llegó demasiado tarde para muchos sobrevivientes.

“Hombres y mujeres de la edad de Kabuga fueron hallados en la cama y asesinados. Vergüenza para sus simpatizantes, que citan su vejez como razón para no someterlo a juicio”, manifestó.

Kabuga estaba en un centro de detención de las Naciones Unidas después de que el juicio se detuviera porque las autoridades no lograron encontrar un país dispuesto a acogerlo.

Kabuga no quería regresar a Ruanda —que se ofreció a recibirlo— por temor a que lo maltrataran.

“Un hombre a quien los propios jueces internacionales habían reconocido como no apto para ser juzgado murió en prisión, aunque su continua privación de libertad ya no servía a ningún propósito judicial”, señaló en un comunicado el abogado de Kabuga, Emmanuel Altit.


Molly Quell en La Haya, Holanda, contribuyó con esta nota.